Comentario Nº 97, 15 de septiembre de 2002
11-9, Un Año Después
Todos saben hoy día a qué se refiere el símbolo 11-9. Se refiere al día en que un grupo de seguidores de Osama bin Laden se hicieron con el control de cuatro aeroplanos en Estados Unidos y consiguieron destruir las Torres Gemelas en Nueva York y dañar el Pentágono en Washington. Varios miles de personas perdieron la vida. A raíz de aquello, el presidente Bush declaró una "guerra al terrorismo" que, según dijo, "con seguridad ganaremos". Llamó a todos en todas partes a apoyar a Estados Unidos en esa guerra y dijo que quienes no están con nosotros están contra nosotros. Prometió capturar a Osama bin Laden "vivo o muerto".
La reacción inmediata del pueblo estadounidense a aquel ataque fue un apoyo muy amplio al presidente Bush y a lo que se proponía hacer. Además hubo una oleada de simpatía mundial hacia Estados Unidos. Para gran sorpresa de más de uno, el editorial de Le Monde del día siguiente se titulaba: "Ahora todos somos estadounidenses". La forma inicial de llevar a cabo su programa fue doble: Internacionalmente, trató de crear una amplia coalición de actividades antiterroristas, que incluía el envío de soldados a Afganistán para derrocar el régimen talibán y destruir Al-Qaeda, que supuestamente tenía su cuartel general ese país. En Estados Unidos trató de mejorar considerablemente las medidas de seguridad, en particular con la aprobación de la Ley Patriótica, que dio poderes sin precedentes al gobierno estadounidense para superar los obstáculos legales a sus actividades. Esa ley fue aprobada en el Congreso estadounidense casi por unanimidad.
El éxito inicial de los planes de Bush fue considerable. Estados Unidos parecía gozar del favor de la opinión pública mundial. Los talibanes fueron apartados militarmente del poder sin muchas dificultades. Y aunque ni bin Laden ni la mayoría de los dirigentes de Al-Qaeda fueron capturados, parecían estar "a punto" de serlo. La persecución de bin Laden y al-Qaeda pareció difuminarse en el horizonte para ser sustituida por un objetivo diferente, el cambio de régimen en Iraq. Ese objetivo no ha conseguido la aquiescencia mundial que sí logró la guerra contra el terrorismo. Todo lo contrario. Se han alzado tantas voces de protesta contra la "acción preventiva" que el gobierno de Estados Unidos está trabajando ahora sin parar para no quedar totalmente aislado en ese asunto. Le Monde ha publicado un segundo editorial un año más tarde en el que dice: "El reflejo de solidaridad de hace un año se ha transformado en una oleada que podría hacer creer que, en todo el mundo, todos nos hemos hecho antiamericanos". El canciller de Alemania, un país que sólo hace unos años parecía ser un aliado inconmovible de Estados Unidos, está mejorando su imagen ante la opinión pública en una dura batalla electoral precisamente tras asegurar que Alemania no enviará soldados para invadir Iraq aunque lo autorice el Consejo de Seguridad.
¿Qué ha ocurrido durante este año? La respuesta depende de a quién se plantee la pregunta. Comencemos por quienes son calificados como halcones en la administración estadounidense y que parecen ser ahora quienes llevan la voz cantante. Dirán que han acabado con el tipo endeble de apoyo del que ha dependido durante mucho tiempo Estados Unidos, y que están consolidando –por primera vez en más de 50 años– el único tipo de política que garantizará los intereses nacionales de Estados Unidos. Creen que Estados Unidos no sólo tiene derecho a emprender una acción preventiva sino el deber moral de hacerlo. Saben que ello disgusta a mucha gente y a muchos gobiernos. Pero creen, como dijo la semana pasada el secretario Rumsfeld, que si Estados Unidos decide que tiene derecho a hacer algo y lo hace, otros verán que tenía razón y acabarán por apoyarlo. El unilateralismo, para los halcones, no es equivocado ni imprudente. Por el contrario, es la vía de la sabiduría.
¿De qué otros habla Rumsfeld? Habla de todos aquellos que, asegurando que comparten los valores estadounidenses, vacilan ante la imagen del unilateralismo y piden el regreso al "multilateralismo": en Estados Unidos, destacados republicanos como James Baker, o los Clintonitas; en otros lugares todos los canadienses y europeos occidentales que son los aliados tradicionales de Estados Unidos; o los llamados moderados del mundo islámico. Rumsfeld cree que todas sus objeciones son de boquilla y que cuando el dragón lance llamas, todos ellos se plegarán. ¿Está acertado sobre cómo reaccionarán cuando se les ignora tan descaradamente? Lo veremos, aunque probablemente lleva razón. Algunos de ellos ya se están plegando, y simplemente piden una apariencia de consulta de forma que puedan asentir.
Si se pregunta a los moderados del mundo islámico, parecen menear la cabeza ante la locura de los halcones. Viven cotidianamente al tanto de su realidad local. Conocen los límites de su propio poder. Saben también, mejor que Estados Unidos, los límites de la potencia estadounidense en su región. Para ellos es algo así como Sansón derribando las columnas del templo. Están bajo su techo y serán aplastados con él. Pero saben también que sus voces valen de poco en Washington actualmente. Sin duda, muchos de ellos están poniendo su destino personal en manos de Alá, como quizá lo estén haciendo también algunos banqueros suizos.
Si se preguntara a bin Laden lo que ha venido sucediendo, probablemente diría, si pudiera hablar la cínica lengua de los geopolíticos, que todo se acomoda al plan trazado (ya he explicado todo esto en el comentario anterior, Nº 96). El presidente Bush dice que el objetivo de Estados Unidos es reforzar la perspectiva de la democracia en Oriente Medio. Pero la comprometida minoría de personas que verdaderamente tienen ese objetivo se retuercen las manos de desesperación. Saben que de la próxima explosión en Oriente Medio no van a surgir regímenes democráticos viables. Lo único que pueden esperar son islamistas fanáticos y generales represores, que eliminarán el poco espacio que tienen ahora esas personas. Lo que les espera no es la libertad, sino la tortura.
Saddam Hussein es un tipo desagradable. Pero lo ha sido durante mucho, mucho tiempo, y durante casi todo ese tiempo ha disfrutado del apoyo de los gobiernos de Estados Unidos, de la Unión Soviética/Rusia y de Francia. Se trata, en todo caso, de una figura muy poco relevante en la escena mundial, y además, históricamente, es una figura bastante prudente. Su objetivo principal es permanecer en el poder. El segundo es reforzar militarmente el mundo árabe, con él mismo como líder, y es eso exactamente lo que le ha hecho prudente.
Los peligros que la inminente guerra iraquí nos plantean a todos son de tres tipos: (1) Puede extenderse y propiciar el "choque de civilizaciones" de Huntington, transformándolo de una equivocada apreciación retórica de la realidad en un principio organizador de la misma. (2) Probablemente conducirá al empleo de armas nucleares, acabando así con el tabú al respecto, y convirtiéndolas en algo habitual en el futuro. (3) Legitimará la "acción preventiva", algo que el sistema interestatal ha venido procurando poner fuera de la ley durante cerca de 500 años. Y por encima de todo eso, no hay una salida clara, ningún final inmediato a la vista. Vivimos en un mundo caótico, pero no había por qué incrementar el riesgo tan radicalmente. Desgraciadamente estamos a punto de hacerlo.
Immanuel Wallerstein (15 de septiembre de 2002).
© Immanuel Wallerstein 1998, 1999, 2000, 2001.
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